Hay una pregunta que nos llega cada lunes al correo, casi siempre escrita con prisa por una madre entre pañales y meriendas: «¿esto de verdad le gustará a mi hija?». Hace siete años fundé esta revista junto a Marta Espino precisamente para responderla con honestidad, no con afiliados.
Nuestra metodología es exigente y, a veces, incómoda. Cada producto pasa por al menos tres hogares diferentes durante un mínimo de cuatro semanas. Las madres-testadoras rellenan una ficha con 23 criterios —desde la durabilidad del cartón hasta la huella emocional que deja en la niña—. Después debatimos en redacción, y si no supera el corte, no se publica. Así, sin suavizar.
«De cada diez productos que recibimos, devolvemos seis. El 94% de lo que probamos no llega a la revista. Esa tasa de retorno es nuestra mejor garantía editorial.»
Este número 178 llega cargado de comparativas largas (maletas, pinceles, cuentos sobre emociones) y de un par de «no» que nos han costado alguna marca enfadada. Asumimos el coste. La confianza de 180.000 lectoras mensuales no se construye recomendando todo, sino explicando con claridad por qué algo no merece la pena.
Gracias por leernos cada lunes. Si esta carta te resuena, te esperamos dentro, en el club de familias.
— Laura M., desde la redacción de Chamberí.